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El Pescado Original – Consejos para evadirse de la realidad nacional

México dejado atrás la etapa de la colombianización para entrar a un proceso acelerado de iraquización. Como esta realidad es muy dolorosa, lo más probable es que nos neguemos a aceptarla, pero como seguramente no la podremos cambiar en el corto plazo, lo único que nos queda es tratar de evitar su nociva influencia. El problema es que las medidas habituales de evasión ya no sirven para distraernos: ¿cómo diablos va a poder uno evadirse a gusto viendo el futbol, si el público que abarrota el estadio para presenciar una victoria más del poderoso equipo tricolor se viste de blanco para protestar contra la inseguridad? Las telenovelas, los reality shows y el clásico pasesito a la red no dan la talla ante el tamaño del enorme monstruo que nos acecha, de modo que todos aquellos que no estamos dispuestos a permitir que la tragedia nos desmoralice, tendremos que recurrir a nuevas y más efectivas formas de alienación que nos sirvan de escudo protector. Estos son algunos consejos para lograrlo: Evasión física Si quiere ser feliz, evite no solamente leer los periódicos y revistas (como aconsejaba el apéstol de la democracia), sino también escuchar la radio y ver la televisión. Deshágase de todo medio de comunicación con el exterior y dispóngase a edificar su propio castillo de la pureza. Si cuenta con recursos suficientes, constrúyase una casa de pánico subterránea en la zona del silencio -una habitación resultaría insuficiente- en donde usted y su familia puedan permanecer completa y confortablemente aislados, alejados del mundanal ruido mediático. Para entretenerse escuche acetatos de los Teen Tops, Doris Day y los Tres Ases....

Historias de detectives – El Plan B.

Al acercarme al cuchitril que me servía de oficina, pude ver por la ventana abierta que me esperaba una mujer de mediana edad, no muy entrada en años, pero sí bien entrada en carnes. Imaginé que, como casi todas mis clientas, me contrataría para espiar a su marido, quien tendría una aventura con su mejor amiga –de ella­–, con su secretaria –de él–, o con ambas. Cuando me decidí por esta ingrata profesión, lo hice para parecerme a Humphrey Bogart y ser como Sam Spade, buscar halcones malteses, liarme con mujeres del tipo de Ingrid Bergman y, por qué no, protagonizar eventualmente una saga novelesca, escrita por algún intelectual apasionado del género negro y de la nota roja. Pronto aprendí que el 95% de los casos que los detectives privados investigamos en este país son de hombres atacados por la comezón del séptimo año, que no pueden mantener el pájaro dentro del nido. No muy divertido, pero bastante lucrativo. La rutina habitual es seguir al fulano hasta descubrir el sitio en donde se reúne con la mujerzuela, fotografiarlos en el acto desde alguna construcción cercana o azotea­, hacerle llegar al infeliz las fotos con una oferta que casi nadie rechaza jamás, cobrar el cheque y, a continuación, hacer feliz a su esposa contándole una inocente mentirilla blanca que exonere al cónyuge de toda culpa. El caso que me esperaba en la oficina, gracias a dios todopoderoso, era diferente ­(siempre es bueno salir de la rutina): la jamona no necesitaba que espiara a su marido, por la sencilla razón de que no tenía uno. Lo tuvo, en el tiempo pluscuampretérito,...

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Patricio
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