Por una partidocracia sin objetivos

Una vez realizadas las elecciones, cuando empiezan los reajustes en los partidos políticos y arranca la caballada en pos de las ansiadas candidaturas presidenciales, me permito disentir con todos aquellos que se declararon desilusionados de la política, los partidos políticos y los procesos electorales en nuestro país. Después de haber realizado un minucioso análisis del caso, he llegado a la conclusión de que los partidos políticos mexicanos son el producto más acabado de nuestro subdesarrollo y la expresión más refinada de nuestra peculiar idiosincrasia, y considero simplista e injusto descalificarlos simplemente por el hecho de que no representan a nadie más que a sí mismos, nos cuestan carísimo, están integrados por zánganos, vividores y corruptos buenos para nada, sin convicciones ni lealtad, no aportan soluciones a los problemas nacionales existentes y con mucha frecuencia generan nuevos problemas nacionales. Y creo que la apreciación es injusta porque, comparados con los beneficios que producen, los aspectos negativos y criticables de los partidos políticos son en realidad nimios y triviales.

En estos tiempos en que nuestro país necesita urgentemente ser competitivo a nivel internacional, debemos enfocarnos en desarrollar y fortalecer aquellas áreas en las que todavía tenemos ventajas comparativas, y una de ellas, sino la única, es la electoral. Veamos: tenemos las elecciones más caras del mundo y además las tenemos a cada rato; tenemos las campañas más largas, el Instituto Electoral más inútil con el contingente de burócratas más numeroso, los partidos más subsidiados del mundo. ¿Y cuál es el resultado de nuestras elecciones? Los diputados, senadores, alcaldes, gobernadores, presidentes de la República y miembros de gabinete mejor pagados del mundo. Si a esto aunamos que cada representante popular o funcionario público, una vez instalado en el cargo, tiende a derramar las mieles de las que goza hacia buena parte de sus familiares y amigos, que a su vez extienden los beneficios recibidos a sus familiares, amigos, amiguitas y así sucesivamente, estamos hablando ya de un número importante de mexicanas y mexicanos que son directa e indirectamente beneficiados por nuestra democracia electoral. Es decir, quizás nuestra economía no funcione, pero nuestras elecciones sí que producen riqueza y distribución de la misma.

Cada elección implica una importante derrama económica que beneficia a los más diversos sectores de la sociedad de la siguiente manera:

  1. a)     Los medios de comunicación masiva hacen su agosto vendiendo publicidad (por encima o por abajo del agua) a los candidatos y partidos, muchos periodistas hacen su agosto vendiéndose a los partidos y a los candidatos, y algunos partidos también hacen su agosto vendiéndose a su vez a los medios de comunicación.
  2. b)     Las empresas encuestadoras, algunas serias y otras patito, son contratadas para realizar o inventar encuestas y sondeos de todo tipo.
  3. c)     La industria hotelera y restaurantera es beneficiada por las giras de los candidatos y sus séquitos por toda la República.
  4. d)       La industria editorial se ve beneficiada por la impresión de millones de banderines, folletos, carteles, pendones, gorritas de cartón, y demás parafernalia política que invariablemente…
  5. e)     …Irá a parar a la basura, beneficiando así a los pepenadores y sus familias que reciclan todo ese material, promoviendo, por si fuera poco, el cuidado de nuestro medio ambiente.
  6. f)       El sector del transporte se ve beneficiado con la compra o renta de vehículos para el acarreo masivo de apoyadores de los candidatos.
  7. g)     La industria refresquera, tortera y alimenticia en general se beneficia de la adquisición de sus productos para la nutrición de dichos acarreados.
  8. h)     La industria textil se ve beneficiada con la compra de tela para mantas y prendas de vestir, especialmente camisetas.
  9. i)       Los sectores más vulnerables se ven beneficiados durante cada campaña, al recibir un importante subsidio en especie (materiales de construcción, despensas con productos básicos, prendas de vestir, servicios médicos, etcétera), lo que se convierte en un consistente programa de combate a la pobreza.

No importa, entonces, que los partidos políticos no generen acuerdos, ni que los diputados no generen ninguna reforma, pues todo eso podría incluso representar un obstáculo para el bienestar de la nación. Lo que debemos exigir es que se amplíe el número de puestos de elección popular, se incentive y facilite la creación de nuevos partidos, y se multiplique el número de elecciones. Pero muchos se estarán preguntando: ¿si todos nos dedicamos a la grilla y a mamar del presupuesto, de qué va a vivir el país? ¿De dónde va a salir el dinero para mantenernos a todos? Pues del único sector productivo que nos queda: los migrantes y sus remesas. Así, mientras más partidos y más elecciones, menos acuerdos, menos reformas y menos soluciones, más migrantes y más dólares. Ese es el círculo virtuoso de la democracia autosustentable a la que debemos y podemos aspirar. Una verdadera partidocracia sin objetivos.