10 tips para conservar tu empleo en México.

En estos tiempos de crisis, los recortes y ajustes de personal son cada vez más frecuentes y mucha gente vive constantemente preocupada, pues no sabe si el día de mañana aún tendrá trabajo o habrá pasado a engrosar las filas del desempleo. Abundan los consejos de los gurús del marketing y del management para conservar el empleo, tipo “una sonrisa es la mejor carta de presentación”, “mantén una actitud positiva” o “piensa en ti como un producto al que continuamente hay que vender”, etcétera. El problema es que esos tips, que podrán funcionar muy bien en otros países, necesitan ser adaptados a nuestros usos y costumbres laborales. Veamos:

  1. Hazte indispensable en el trabajo.

Las publicaciones especializadas recomiendan a los empleados que sean productivos, disciplinados, eficientes, creativos, propositivos y que se especialicen en su área, como forma de hacerse indispensables en su puesto y que la empresa o dependencia pública en la que laboran decida conservarlos. Una mejor forma de hacerse indispensable es hacer cosas por el jefe que nadie más haría, como por ejemplo: esperarlo a la entrada del estacionamiento y hacerle de valet parking, lavarle el auto todos los días (por dentro y por fuera), visitarlo periódicamente en su oficina para darle masaje en la espalda o en las patas, contarle chistes (seleccionados y probados), hacer de nana de sus niños cuando sea necesario, hacer la tarea de sus hijos, etcétera.

  1. Sé el alma de la oficina.

Con excepción de los amargados (que nunca faltan, pero que son los primeros a los que despiden), a todo mundo le cae bien la persona que lleva el pastel y los refrescos el día del cumpleaños de algún colega. Sé tú esa persona, pero no te limites a celebrar los cumples: aprovecha cualquier ocasión para transformar un tedioso día de rutina en un día de fiesta. Esmérate, especialmente, en organizar la fiesta de cumpleaños del jefe –no olvides tampoco el cumple de su esposa–, el natalicio del fundador de la empresa, la pastorela, los intercambios navideños y –¿por qué no?- el torneo de futbol.

  1. Ponte la camiseta.

A los patrones les gusta que sus empleados estén siempre a su disposición. Conviértete en el empleado modelo, ejemplo y orgullo de la compañía, mudándote a vivir a la oficina ­–¡siempre serás el primero en llegar y el último en irse!– , divórciate, deshazte de los hijos, renuncia a tus vacaciones, fines de semana y días feriados para poder estar siempre al pie del cañón. Al final de todo esto, no tendrás vida propia, pero seguirás teniendo empleo.

  1. Sé productivo y ahorrativo.

Al empezar tu día laboral, repite el mantra: “lo importante no es cobrar, sino tener trabajo”. Los patrones odian a los pedinches, insaciables y ambiciosos que sólo trabajan por dinero; nunca pidas un aumento de sueldo y, en el remoto caso de que te ofrecieran uno, recházalo cortésmente y ofrece devolver el 20% de lo que ganas, como un gesto de solidaridad con la empresa. Ninguno de tus compañeros se atreverá a tanto para conservar la chamba.

  1. Sé útil y creativo.

En una fábrica o en una oficina, son muchos los que venden ropita para dama, perfumes, topperware o joyería de fantasía. Pero nadie ofrece, a precios de mayoreo, lo que la gente realmente necesita: frutas, verduras, artículos de carnisalchichonería, huevo, azúcar, frijol, tortillas, papel de baño, sopita de pasta y demás productos de la canasta básica. Compra las cosas en la central de abastos de tu localidad o alguna tienda de mayoreo y véndeselas a tus colegas y a tus jefes al costo; dales buen trato y extiende líneas de crédito flexible. Nadie va a despedir a una persona que les ahorra a todos tiempo, dinero y esfuerzo.

  1. Adula, que algo queda.

La razón por la que los lambiscones han llegado tan lejos a lo largo de la historia de la humanidad es porque, sin importar de quién se trate ni el puesto que tenga, a todo mundo le gusta que lo adulen. Despreocúpate de lo que piensen de ti tus colegas, y cubre al jefe de alabanzas y loas mañana, tarde y noche. Recuérdale todos los días lo joven y lo delgado que se ve y lo inteligente que es, ríete de sus chistes –hasta de los más pendejos que ya ha contado mil veces–, muéstrate de acuerdo en todo lo que propone y apoya sus decisiones sin chistar. Tus colegas te odiarán, pero recuerda que más pronto cae un envidioso que un lamesuelas.

  1. Aprende a decir que sí, aún cuando debas decir que no.

Aunque pudiera parecer que los jefes son una especie de semidioses, fríos y distantes, en realidad son seres humanos, con los deseos, las debilidades, fantasías y calenturas de todos los demás mortales. Si el jefe o la jefa te hace saber que quisiera llevar su relación contigo más allá de lo laboral, dile que sí a esa persona y no se lo cuentes a nadie. Lo que en otro momento podría ser considerado delito de acoso sexual, podría convertirse en tu salvoconducto a la estabilidad laboral. Si, además del jefe, consintieras a las propuestas indecorosas de tus compañeros y compañeras, y lograras convertir tu lugar de trabajo en una novela del Marqués de Sade, antes despedirán al dueño de la compañía o al presidente de la República que a ti.

  1. Fortalece tus fortalezas y debilita las debilidades de los demás.

La mejor forma de reforzar tu posición a los ojos del jefe es haciendo visibles las debilidades de los demás. Detecta los puntos débiles y las incapacidades de tus compañeros, y hazlos tropezar cada vez que puedas, de preferencia en presencia de los superiores. Para que parezca que eres más eficiente que el resto, acapara las tareas más fáciles y rápidas, y déjale las más difíciles a los otros. Cacarea siempre el huevo aunque tú no lo pongas.

  1. Comunicación efectiva.

Una buena comunicación es indispensable para mantener tu puesto de trabajo. Averigua los pecadillos de los demás y comunícaselos a todos los compañeros, haciéndoles saber que alguien más te lo dijo (bajo advertencia de que no se lo dijeras a nadie). Mientras todos en la oficina estén ocupados en chismes, aplícate a sacar adelante tu trabajo, con discreción, seriedad y eficiencia.

  1. Medidas extremas.

Si te enteras de que, a pesar de tus esfuerzos, eres el próximo en la lista de despidos, recurre a las siguientes estrategias de emergencia:

  1. a) Corre el rumor entre tus compañeros de que eres pariente del Chapo Guzmán o del Mayo
  2. b) Usa distintivos, pines, mancuernillas, gorras y camisetas con la letra Z.
  3. c) Deje que el jefe te cache, de vez en cuando, escuchando narcoco

Buena suerte.